
Londres Monumental: De Westminster al Tower Bridge
Sobre este tour
Londres es una ciudad que ha gobernado un imperio, inventado la democracia parlamentaria, sobrevivido a plagas, incendios y bombardeos, y ha seguido tomándose el té a las cinco de la tarde sin despeinarse. Este recorrido os lleva desde el corazón del poder político británico en Westminster hasta la fortaleza medieval donde se guardaban las joyas de la corona y se cortaban las cabezas de quienes disgustaban a Enrique VIII. Caminaréis junto al Támesis, cruzaréis plazas donde se han celebrado ejecuciones y coronaciones, y descubriréis que detrás de la aparente formalidad británica se esconde una historia tan sangrienta, excéntrica y fascinante como la de cualquier otra gran capital europea. Un paseo de unas dos horas por la ciudad que durante siglos fue la más poderosa del planeta.
Paradas (8)

Westminster Bridge
Bienvenidos a Londres. Comenzamos nuestro recorrido en el Westminster Bridge, el puente que cruza el Támesis ofreciendo una de las panorámicas más espectaculares de la ciudad. A vuestra derecha tenéis el Palacio de Westminster con la icónica torre del reloj, y a vuestra izquierda el London Eye y la orilla sur del río. En septiembre de 1802, el poeta William Wordsworth cruzó este puente al amanecer — entonces era un puente de piedra diferente al actual, que es de 1862 — y quedó tan impresionado por la vista que escribió uno de los sonetos más célebres de la lengua inglesa, que comienza: Earth has not anything to show more fair. La tierra no tiene nada más hermoso que mostrar. Wordsworth describió una ciudad dormida, silenciosa, con el sol del amanecer iluminando cúpulas, torres y teatros. Hoy la vista es igualmente impresionante, aunque considerablemente más ruidosa. El Támesis que fluye bajo nuestros pies tiene una historia turbulenta. Durante siglos fue simultáneamente la arteria vital de la ciudad y su alcantarilla. En el verano de 1858, el hedor del río era tan insoportable que el Parlamento tuvo que suspender sus sesiones. Lo llamaron The Great Stink, la Gran Peste. Las cortinas de la Cámara de los Comunes se empapaban en cloruro de cal para que los parlamentarios pudieran respirar, pero no sirvió de nada. Fue ese verano asqueroso el que finalmente convenció al gobierno de invertir en un sistema de alcantarillado moderno, diseñado por el ingeniero Joseph Bazalgette, que sigue funcionando hoy. A veces la política necesita un buen empujón olfativo. Antes de la construcción de los puentes, la única forma de cruzar el Támesis era en barco o por el viejo London Bridge, que durante siglos fue el único puente de la ciudad. Los barqueros del Támesis, los watermen, eran el equivalente medieval de los taxistas londinenses, y su gremio era tan poderoso que luchó ferozmente contra la construcción de cada nuevo puente, porque cada puente les quitaba clientes. Algunos historiadores estiman que en el siglo XVII había más de cuarenta mil barqueros trabajando en el Támesis. Hoy quedan una docena, que operan como curiosidad turística. Caminemos ahora hacia el edificio más importante de la democracia británica.

Palacio de Westminster y Big Ben
Estamos frente al Palacio de Westminster, sede del Parlamento del Reino Unido y uno de los edificios más reconocibles del planeta. Pero lo primero que quiero que sepáis es que el edificio que veis es relativamente nuevo. En 1834, un incendio devastador destruyó casi por completo el palacio medieval original. La causa del incendio fue absurda: unos funcionarios estaban quemando palos de conteo, unas varas de madera con muescas que se habían usado durante siglos como sistema de contabilidad del gobierno, y se les fue de las manos. Siglos de tradición burocrática británica ardieron en una sola noche. El palacio actual fue diseñado por Charles Barry en estilo neogótico y terminado en 1870. Su silueta es inconfundible, con sus torres, pináculos y la célebre torre del reloj que todo el mundo llama Big Ben. Pero Big Ben no es la torre. Big Ben es la campana que hay dentro de la torre. La torre en sí se llama Elizabeth Tower desde 2012, rebautizada en honor al jubileo de diamantes de la reina Isabel II. La campana pesa trece toneladas y media y tiene una grieta que le da ese timbre ligeramente desafinado que la hace reconocible. La grieta apareció en 1859, poco después de su instalación, y nunca se reparó porque a los británicos les pareció que el sonido imperfecto tenía más carácter. El momento más dramático en la historia de este palacio ocurrió el 5 de noviembre de 1605, cuando un grupo de conspiradores católicos liderados por Robert Catesby intentó volar el edificio con treinta y seis barriles de pólvora colocados en los sótanos. Guy Fawkes, el hombre encargado de encender la mecha, fue descubierto in fraganti la noche anterior. Fue torturado, juzgado y ejecutado, y cada 5 de noviembre los británicos celebran la Bonfire Night quemando muñecos de Guy Fawkes en hogueras y lanzando fuegos artificiales. Es probablemente la única festividad del mundo que celebra el fracaso de un intento de terrorismo. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Palacio de Westminster fue bombardeado catorce veces por la Luftwaffe. El 10 de mayo de 1941, una bomba incendiaria destruyó la Cámara de los Comunes. Churchill ordenó reconstruirla exactamente igual, deliberadamente demasiado pequeña para que todos los diputados pudieran sentarse al mismo tiempo, porque creía que el hacinamiento y la confrontación física generaban mejores debates. Sigamos caminando hacia el corazón del poder ejecutivo británico.

Downing Street
Estamos frente a las puertas de hierro que cierran Downing Street, una callejuela corta y discreta que alberga la residencia oficial del Primer Ministro del Reino Unido en el número 10. Es probablemente la dirección más famosa del mundo después de la Casa Blanca, y sin embargo es sorprendentemente modesta: una puerta negra con un número dorado, una aldaba de león y un policía de guardia. Sin jardines ostentosos, sin vallas electrificadas, sin columnas imperiales. Esa austeridad es muy británica. Pero las apariencias engañan. Detrás de esa puerta modesta hay un complejo mucho más grande de lo que parece desde fuera. El número 10 está conectado interiormente con el número 11, la residencia del Canciller del Exchequer, que es como el ministro de finanzas, y con el número 12, la oficina del jefe del whip parlamentario. Y en la parte trasera hay un jardín considerable que no se ve desde la calle. Downing Street debe su nombre a Sir George Downing, un tipo fascinante y bastante repugnante. Downing fue uno de los primeros graduados de Harvard — sí, la universidad americana —, espía, diplomático y, sobre todo, un oportunista sin escrúpulos. Luchó con Cromwell durante la Guerra Civil inglesa, y cuando Cromwell murió y la monarquía fue restaurada, Downing cambió de bando sin pestañear y delató a varios de sus antiguos compañeros republicanos, que fueron ejecutados. Con el dinero y el favor real que obtuvo por sus traiciones, construyó las casas de esta calle en la década de 1680. Eran casas baratas, mal construidas, con cimientos débiles. Varios primeros ministros se han quejado de lo ruinoso del edificio. Hasta 1989, Downing Street era una calle abierta al público. Cualquiera podía pasear por ella y hacerse una foto junto a la puerta del número 10. Las puertas de hierro que veis hoy se instalaron por orden de Margaret Thatcher después de varios intentos de atentado del IRA. Desde entonces, la calle es inaccesible para el público. Y hay un residente famoso en Downing Street que merece mención: Larry, el gato oficial del número 10. Su cargo oficial es Chief Mouser to the Cabinet Office, cazador jefe de ratones del Gabinete. Larry lleva viviendo aquí desde 2011 y ha sobrevivido a varios primeros ministros. Se dice que tiene una relación complicada con Palmerston, el gato del Foreign Office, con el que mantiene peleas territoriales regulares que los tabloides británicos cubren con todo detalle. Continuemos hacia una de las plazas más emblemáticas de Londres.

Trafalgar Square
Bienvenidos a Trafalgar Square, la plaza más importante de Londres y el punto desde el que se miden todas las distancias de la capital. Está dominada por la Columna de Nelson, una columna de granito de cincuenta y un metros coronada por una estatua del almirante Horatio Nelson, el héroe de la batalla de Trafalgar. Trafalgar fue la batalla naval que decidió el dominio de los mares durante más de un siglo. El 21 de octubre de 1805, frente al cabo de Trafalgar en Cádiz, la flota británica al mando de Nelson derrotó decisivamente a la flota combinada franco-española. La victoria aseguró que Napoleón nunca podría invadir Gran Bretaña por mar, pero el precio fue alto: Nelson murió durante la batalla, alcanzado por un disparo de mosquete francés. Sus últimas palabras, según la tradición, fueron: Gracias a Dios, he cumplido con mi deber. Pero la historia más macabra de Nelson no es su muerte, sino lo que ocurrió después. Para preservar su cuerpo durante el largo viaje de regreso a Inglaterra, los marineros lo sumergieron en un barril de brandy. La leyenda — probablemente falsa, pero demasiado buena para no contarla — dice que algunos marineros perforaron el barril durante la travesía y bebieron el brandy. Desde entonces, en la jerga naval británica, el brandy se llama Nelson's Blood, la sangre de Nelson. Los cuatro leones de bronce que custodian la base de la columna fueron esculpidos por Edwin Landseer en 1867 usando como modelo un león muerto del Zoo de Londres. El león estaba tan descompuesto cuando Landseer empezó a trabajar que el escultor tuvo que usar un gato doméstico como referencia para las patas. Si miráis las garras de cerca, veréis que son más de gato que de león. Y hay un misterio moderno en esta plaza que merece mención: el cuarto pedestal. En las cuatro esquinas de Trafalgar Square hay pedestales que originalmente iban a sostener estatuas ecuestres. Tres están ocupados permanentemente, pero el cuarto, en la esquina noroeste, quedó vacío durante más de ciento cincuenta años porque nunca hubo acuerdo sobre qué poner encima. Desde 1999, se usa como plataforma rotativa para arte contemporáneo, con esculturas que cambian cada uno o dos años. Ha habido de todo: un gallo azul gigante, una botella de ketchup, un niño en un caballo balancín, un pulgar hacia arriba de bronce. Es la anarquía artística en medio de la solemnidad imperial, y a los londinenses les encanta. Vamos ahora hacia el noreste, hacia uno de los barrios más animados de Londres.

Covent Garden
Hemos llegado a Covent Garden, y la energía aquí es completamente diferente a la solemnidad de Westminster. Esta plaza porticada, con su mercado cubierto, sus artistas callejeros y sus terrazas, es uno de los lugares más vibrantes de Londres. Pero su nombre esconde una historia que se remonta a la Edad Media. Covent Garden es una corrupción de Convent Garden, el jardín del convento. En el siglo XIII, este terreno pertenecía a la abadía de Westminster, y los monjes lo usaban como huerta para cultivar frutas y verduras. Cuando Enrique VIII disolvió los monasterios en la década de 1530 — básicamente confiscó todas las propiedades de la Iglesia católica porque el Papa no le concedía el divorcio —, este terreno pasó a manos del Conde de Bedford. Su descendiente, el cuarto Conde, encargó al arquitecto Inigo Jones que diseñara una plaza elegante al estilo italiano, y en 1654 se estableció aquí un mercado de frutas y verduras que perduró durante más de trescientos años. El mercado de Covent Garden fue durante siglos el principal abastecedor de Londres. Cada madrugada, centenares de carros cargados de productos llegaban desde las huertas de los alrededores, y los comerciantes gritaban, regateaban y se peleaban en un caos organizado que empezaba a las tres de la mañana. Eliza Doolittle, la protagonista de Pygmalion de George Bernard Shaw — que luego se convirtió en My Fair Lady —, vendía flores en estas calles. Shaw la situó aquí específicamente porque Covent Garden representaba la Londres popular, ruidosa y genuina, en contraste con la Londres aristocrática del West End. En 1974, el mercado se trasladó a unas instalaciones modernas en Vauxhall, y el edificio histórico fue rehabilitado como centro comercial y de ocio. Los artistas callejeros que veis actuando bajo las arcadas necesitan una licencia del ayuntamiento y pasan una audición. La competencia es feroz: hay lista de espera de meses para conseguir un turno de actuación en las mejores ubicaciones. Algunos de los artistas callejeros más famosos de Londres ganan más que un oficinista medio, y varios han dado el salto a carreras profesionales. Si os gusta la ópera, justo al lado tenéis la Royal Opera House, uno de los teatros de ópera más prestigiosos del mundo. Y si preferís algo más terrenal, las pastelerías y puestos de comida del mercado interior son excelentes. Pero no nos demoremos: nos quedan unas paradas espectaculares junto al Támesis.

Catedral de San Pablo (exterior)
Estamos frente a la Catedral de San Pablo, la obra maestra de Sir Christopher Wren y el edificio que definió el skyline de Londres durante trescientos años. Su cúpula, de ciento once metros de altura, fue la más alta del mundo durante más de dos siglos, hasta que se construyó la catedral de Notre-Dame de la Paz en Yamoussoukro, Costa de Marfil, en 1989. Pero para entender esta catedral, hay que entender la catástrofe que la hizo posible. En septiembre de 1666, el Gran Incendio de Londres arrasó el corazón de la ciudad durante cuatro días. Más de trece mil casas, ochenta y siete iglesias y la antigua catedral de San Pablo fueron destruidas. El incendio comenzó en una panadería de Pudding Lane — la calle del pudín — y se propagó por una ciudad construida mayoritariamente en madera, con calles estrechas y sin servicio de bomberos. Christopher Wren, que entonces era profesor de astronomía en Oxford y arquitecto aficionado, presentó un plan para reconstruir toda la ciudad de Londres con avenidas anchas, plazas geométricas y edificios de piedra al estilo de París. El plan era brillante pero impracticable: los propietarios de los terrenos se negaron a ceder sus parcelas. Londres se reconstruyó sobre las mismas calles medievales estrechas, con la única diferencia de que ahora los edificios eran de ladrillo y piedra en lugar de madera. Pero a Wren sí le encargaron la reconstrucción de la catedral y de cincuenta y una iglesias parroquiales. San Pablo le llevó treinta y cinco años, de 1675 a 1710. Wren tenía setenta y ocho años cuando se completó. Hay una anécdota maravillosa sobre el momento en que Wren buscaba una piedra para marcar el centro de la nueva catedral. Un obrero le trajo un trozo de una lápida rota del antiguo cementerio. Wren lo dio la vuelta y leyó la inscripción en latín: Resurgam. Resurgiré. Wren decidió que sería el lema de la nueva catedral, y hoy la palabra Resurgam aparece tallada sobre la puerta sur del templo. Durante el Blitz de 1940 y 1941, los bombardeos alemanes destruyeron prácticamente todo el barrio alrededor de San Pablo. La catedral sobrevivió gracias a un equipo de voluntarios, los St Paul's Watch, que pasaban las noches en el tejado apagando las bombas incendiarias que caían sobre la cúpula. La famosa fotografía de Herbert Mason, tomada el 29 de diciembre de 1940, muestra la cúpula de San Pablo emergiendo intacta entre las nubes de humo de los edificios en llamas a su alrededor. Esa imagen se convirtió en el símbolo de la resistencia de Londres. Si entráis, subid los doscientos cincuenta y nueve escalones hasta la Whispering Gallery, la galería de los susurros, a treinta metros de altura. La acústica es tan perfecta que un susurro contra la pared en un lado de la galería se oye claramente en el lado opuesto, a treinta y tres metros de distancia. Caminemos ahora hacia el río para nuestra siguiente parada.

Millennium Bridge y vista de la Tate Modern
Estamos sobre el Millennium Bridge, el puente peatonal que conecta la Catedral de San Pablo con la Tate Modern. Es un puente elegante y minimalista diseñado por Norman Foster y el escultor Anthony Caro, que fue inaugurado con gran pompa el 10 de junio del año 2000. Y cerrado dos días después. El problema fue hilarante y humillante al mismo tiempo. Miles de personas cruzaron el puente el día de la inauguración, y el puente empezó a oscilar lateralmente de forma alarmante. No era peligroso estructuralmente, pero la sensación era tan desagradable que la gente se agarraba a las barandillas aterrorizada. Los ingenieros descubrieron que la causa era la resonancia sincronizada: cuando muchas personas caminan sobre una superficie que oscila ligeramente, tienden inconscientemente a sincronizar sus pasos con la oscilación, lo que la amplifica. Cuanta más gente intenta mantener el equilibrio, más se mueve el puente. Los londinenses lo bautizaron inmediatamente como el Wobbly Bridge, el puente tambaleante. Se instalaron amortiguadores y se reabrió en 2002, ya estable. Pero el apodo permanece. Desde aquí tenéis una vista espectacular de la Tate Modern, el museo de arte contemporáneo más visitado del mundo, que ocupa la antigua central eléctrica de Bankside. La central dejó de funcionar en 1981 y estuvo abandonada durante años antes de que los arquitectos Herzog y de Meuron la transformaran en museo, inaugurado en el año 2000. La Turbine Hall, la nave principal donde estaban las turbinas, es hoy uno de los espacios expositivos más impresionantes del planeta: una catedral industrial de treinta y cinco metros de altura donde se exhiben instalaciones de arte contemporáneo a escala monumental. La entrada es gratuita. Y si miráis hacia la derecha, siguiendo el curso del río, ya podéis ver nuestra parada final: la silueta inconfundible del Tower Bridge.

Tower Bridge
Y aquí terminamos: frente al Tower Bridge, el puente más fotografiado de Londres y posiblemente el más reconocible del mundo. Pero antes de nada, quiero aclarar un error que cometen millones de personas: este no es el London Bridge. El London Bridge es el puente de al lado, un puente anodino y moderno que no tiene absolutamente nada de especial. Este es el Tower Bridge, llamado así porque está junto a la Torre de Londres. Fue construido entre 1886 y 1894 para resolver un problema de tráfico que ya entonces asfixiaba a Londres. Se necesitaba un nuevo cruce del Támesis al este de la ciudad, pero tenía que permitir el paso de barcos de gran calado que accedían al puerto de Londres, entonces el más importante del mundo. La solución fue ingeniosa: un puente basculante con dos hojas que se levantan para dejar pasar los barcos y se cierran para el tráfico rodado. El mecanismo original era hidráulico, impulsado por máquinas de vapor que bombeaban agua a alta presión para mover las enormes hojas del puente. Cada hoja pesa más de mil toneladas y se levanta en menos de cinco minutos. Hoy el sistema es eléctrico, pero las máquinas de vapor originales se pueden visitar en una exposición dentro del puente. Y las hojas se siguen levantando unas ochocientas veces al año para dejar paso a embarcaciones. Hay una anécdota espléndida sobre el puente que involucra a un autobús londinense. En diciembre de 1952, el conductor de un autobús de dos pisos se encontró con que el puente empezaba a levantarse mientras él estaba cruzando. En lugar de frenar, Albert Gunton aceleró y saltó con el autobús desde la hoja sur — que ya se había elevado un metro — hasta la hoja norte, que aún estaba bajando. Aterrizó con éxito al otro lado. Doce pasajeros sufrieron heridas leves. Gunton recibió una prima de diez libras por su valentía. Diez libras. La generosidad británica en todo su esplendor. Justo detrás de vosotros se alza la Torre de Londres, la fortaleza medieval que ha servido como palacio real, prisión, casa de fieras y cámara acorazada durante casi mil años. Las joyas de la Corona británica se guardan aquí, custodiadas por los Yeoman Warders — los Beefeaters — y por un grupo de cuervos que viven en la torre. Según una vieja superstición, si los cuervos abandonan la Torre, el reino caerá. Por si acaso, el gobierno mantiene siempre un mínimo de seis cuervos, con las alas ligeramente recortadas para que no se vayan demasiado lejos. El cuervo más veterano tiene un nombre, un cuidador asignado y una dieta de ciento setenta gramos de carne cruda al día, más galletas empapadas en sangre. Es, probablemente, el cuervo mejor alimentado del mundo. Y con esto terminamos nuestro paseo por Londres. Habéis caminado desde el Parlamento donde se inventó la democracia moderna hasta la fortaleza donde se encarcelaba a quien se atrevía a desafiar al rey. Habéis cruzado plazas donde se celebran victorias navales, calles donde viven gatos con cargo oficial y puentes que se tambalean. Esto es Londres: excéntrica, contradictoria, imperial y siempre, siempre, profundamente entretenida. Thank you for joining me. Gracias por acompañarme. ¡Hasta la próxima!
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Guía local verificado
Desde hace 15 años soy un aficionado a los audio tours, me encanta elaborarlos sobre lugares con anécdotas que son poco conocidas.
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