
Roma Eterna: Del Panteón al Coliseo
Sobre este tour
Roma no se construyó en un día, pero este recorrido te permite atravesar más de dos mil años de historia en una sola mañana. Desde la perfección geométrica del Panteón hasta la grandeza brutal del Coliseo, caminarás por plazas donde los papas celebraban banquetes, callejones donde Caravaggio se metía en peleas de taberna y ruinas donde Julio César fue asesinado por sus propios amigos. Este tour te lleva por el corazón histórico de Roma a pie, siguiendo un recorrido lógico que conecta los monumentos más impresionantes de la ciudad con las historias que no aparecen en las guías convencionales. Descubrirás que detrás de cada piedra hay una intriga, un escándalo o una genialidad que hace de Roma una ciudad absolutamente irrepetible.
Paradas (8)

Piazza di Spagna
Bienvenidos a Roma. Comenzamos nuestro recorrido en la Piazza di Spagna, al pie de una de las escalinatas más célebres del planeta. Los ciento treinta y cinco peldaños que suben hasta la iglesia de Trinità dei Monti fueron construidos entre 1723 y 1726 para conectar la embajada española ante la Santa Sede — que está en esta plaza, de ahí su nombre — con la iglesia francesa que corona la colina. Sí, habéis oído bien: una escalinata italiana con nombre español que lleva a una iglesia francesa. Roma siempre ha sido un escenario internacional. Pero la historia más conmovedora de esta plaza no tiene que ver con la diplomacia, sino con la poesía. ¿Veis la casa que está justo a la derecha de la escalinata, en la esquina? Esa es la Keats-Shelley House, y en la segunda planta de ese edificio murió el poeta inglés John Keats el 23 de febrero de 1821, a los veinticinco años, de tuberculosis. Keats había viajado a Roma con la esperanza de que el clima mediterráneo mejorara su salud, pero llegó ya demasiado enfermo. Pasó sus últimos meses en esa habitación, mirando por la ventana la fuente que tenéis delante — la Fontana della Barcaccia — y escribiendo algunas de las cartas más tristes de la literatura inglesa. En una de ellas escribió que sentía que su nombre estaba escrito en el agua, y pidió que esa frase fuera su epitafio. Si visitáis el cementerio protestante de Roma, al lado de la pirámide de Cestio, encontraréis su tumba con exactamente esas palabras: Here lies One Whose Name was writ in Water. No aparece su nombre en la lápida. Solo esa frase. Ironía del destino: Keats, que creía que el mundo le olvidaría, se convirtió en uno de los poetas más leídos de la lengua inglesa. La fuente que tenéis delante, la Barcaccia, tiene forma de barca medio hundida y fue diseñada por Pietro Bernini, padre del gran Gian Lorenzo Bernini, en 1627. La forma de barco semihundido no es un capricho artístico: se debe a que la presión del agua en este punto del acueducto romano era muy baja, insuficiente para crear los grandes chorros de las fuentes más espectaculares de Roma. Así que Bernini resolvió el problema hundiendo la barca por debajo del nivel de la calle, permitiendo que el agua fluyera suavemente sin necesidad de presión. Un problema de fontanería convertido en una obra maestra. Eso es Roma. Caminemos ahora hacia una fuente donde la presión del agua no fue ningún problema.

Fontana di Trevi
La tenéis delante: la Fontana di Trevi, la fuente más grande y más espectacular de Roma. Veintiséis metros de altura, veinte de ancho, y un estruendo de agua que se oye antes de verla, porque esta fuente está encajada en una plaza tan pequeña que aparece ante vosotros de repente, sin aviso, al girar una esquina. Ese efecto sorpresa es completamente intencionado. La fuente fue terminada en 1762 por el arquitecto Nicola Salvi, aunque él no llegó a verla completada porque murió durante la construcción. La fachada aprovecha todo el muro del Palazzo Poli como telón de fondo, y la escena representa a Neptuno, el dios del mar, montado en un carro tirado por dos caballos marinos, uno manso y otro desbocado, que simbolizan los dos estados del mar: la calma y la tempestad. Los tritones que guían a los caballos luchan por controlarlos entre las rocas. Pero lo que hace verdaderamente especial a esta fuente es que es el punto final del Acqua Vergine, un acueducto romano construido en el año 19 antes de Cristo por el general Agripa para abastecer las termas que había construido cerca del Panteón. Según la leyenda, fueron unos soldados romanos sedientos los que descubrieron el manantial, guiados por una joven virgen — una vergine — que les señaló dónde brotaba el agua. De ahí el nombre del acueducto. Ese mismo agua que los romanos bebían hace más de dos mil años es la que veis cayendo ahora mismo en la fuente. El acueducto sigue funcionando. Y ahora, la tradición: lanzar una moneda con la mano derecha por encima del hombro izquierdo garantiza que volveréis a Roma. ¿Funciona? No lo sé, pero lo que sí sé es que cada día se recogen del fondo de la fuente entre tres mil y cuatro mil euros en monedas. Cada noche, los operarios del ayuntamiento vacían la fuente con aspiradoras industriales. El dinero se dona a Cáritas, que lo destina a un supermercado social para personas sin recursos. Así que, si lanzáis una moneda, al menos sabréis que vuestro deseo ya ha hecho algo bueno por alguien. Una advertencia: está prohibido bañarse en la fuente y está prohibido coger monedas del fondo. Ambas cosas conllevan multas de hasta quinientos euros. Y sí, hay gente que lo intenta todos los días. Caminemos ahora hacia el edificio más perfecto que ha construido la humanidad.

Panteón de Roma
Estamos en la Piazza della Rotonda, frente al Panteón, y quiero que os detengáis un momento a contemplarlo antes de acercaros. Lo que tenéis delante es, sin exageración, el edificio mejor conservado de la antigua Roma. Tiene casi dos mil años — fue reconstruido por el emperador Adriano entre el año 118 y el 125 después de Cristo — y sigue en pie, intacto, con su cúpula original. No es una ruina. No es una reconstrucción. Es el edificio original. Y su cúpula es el motivo por el que os he traído aquí. La cúpula del Panteón tiene un diámetro de cuarenta y tres metros con treinta centímetros, y durante mil trescientos años fue la cúpula más grande del mundo. Ni la Edad Media, ni el Renacimiento, ni el Barroco lograron superarla. Solo en 1436 Brunelleschi la superó en Florencia, y aun así, su cúpula de Santa Maria del Fiore es ligeramente más pequeña en diámetro interior. Pero lo verdaderamente asombroso es cómo la construyeron. La cúpula es de hormigón romano, un material que los ingenieros modernos siguen estudiando porque, después de dos milenios, sigue siendo más resistente que muchos hormigones actuales. El secreto está en la mezcla: ceniza volcánica del Vesubio, cal, agua de mar y trozos de roca. Esta combinación crea una reacción química que produce cristales de aluminio tobermorita, un mineral que refuerza el hormigón con el paso del tiempo en lugar de debilitarlo. Es decir, la cúpula del Panteón se ha hecho más fuerte con los siglos. Además, los ingenieros romanos fueron lo suficientemente astutos como para variar el peso del hormigón según la altura: en la base de la cúpula usaron hormigón pesado con trozos de travertino, y a medida que subían fueron sustituyéndolo por materiales más ligeros — toba volcánica y, en la parte superior, piedra pómez, que es tan ligera que flota en el agua. Todo esto sin armadura de acero, sin andamios permanentes, con tecnología del siglo II. En la cima de la cúpula hay un óculo — un agujero circular — de casi nueve metros de diámetro que es la única fuente de luz del edificio. Cuando llueve, el agua entra por el óculo y cae al suelo de mármol, que tiene unos sutiles desagües casi invisibles que la canalizan hacia fuera. Y hay un momento mágico: el 21 de abril, aniversario de la fundación de Roma, a mediodía, el rayo de sol que entra por el óculo incide exactamente sobre la puerta de entrada. Es posible que esto fuera intencionado: el emperador entrando bañado en luz divina el día de la fundación de la ciudad. La entrada al Panteón es gratuita. Si tenéis tiempo, entrad. Miguel Ángel dijo de este edificio que parecía obra de ángeles, no de hombres. Tenía razón. Seguimos hasta la próxima parada.

Piazza Navona
Bienvenidos a la Piazza Navona, una de las plazas más bellas del mundo. Y lo primero que quiero que notéis es su forma: es un óvalo alargado, mucho más largo que ancho. Eso no es casualidad. Esta plaza conserva exactamente la forma del Estadio de Domiciano, un recinto deportivo construido en el año 80 después de Cristo para albergar competiciones atléticas al estilo griego: carreras a pie, lanzamiento de disco, lucha. El estadio tenía capacidad para treinta mil espectadores, y sus gradas estaban justo donde hoy se levantan los edificios que rodean la plaza. Si entráis en algunos sótanos de los restaurantes de aquí, todavía podéis ver los arcos de piedra del antiguo estadio. Pero la verdadera estrella de esta plaza es la Fontana dei Quattro Fiumi, la Fuente de los Cuatro Ríos que ocupa el centro. Fue creada por Gian Lorenzo Bernini en 1651, y representa los cuatro ríos más importantes de los cuatro continentes conocidos en la época: el Nilo por África, el Ganges por Asia, el Danubio por Europa y el Río de la Plata por América. Cada río está personificado por una figura colosal que rodea un obelisco egipcio auténtico del siglo I. Y aquí viene la mejor anécdota de esta plaza. Justo enfrente de la fuente de Bernini está la iglesia de Sant'Agnese in Agone, cuya fachada fue diseñada por Francesco Borromini, el gran rival de Bernini. La rivalidad entre estos dos genios del Barroco era legendaria: se odiaban con una intensidad que hace palidecer cualquier rivalidad artística moderna. Pues bien, fijaos en la figura del Río de la Plata de Bernini: tiene un brazo levantado como si se protegiera de algo. La leyenda popular dice que Bernini la esculpió así para burlarse de la fachada de Borromini, como si la figura estuviera aterrorizada de que la iglesia fuera a derrumbarse encima. Es una historia maravillosa, pero falsa: la fuente se terminó dos años antes de que Borromini empezara la fachada de la iglesia. Aun así, la rivalidad era real y feroz. La Piazza Navona fue durante siglos el mercado principal de Roma. Pero también tenía un uso más sorprendente: durante los meses de verano, los papas ordenaban taponar los desagües de las fuentes para inundar la plaza entera y crear un lago artificial donde la nobleza romana paseaba en carruajes por el agua poco profunda para refrescarse. Lo llamaban il lago di Piazza Navona. Imaginad esta plaza convertida en una piscina gigante con carruajes chapoteando. Esa era la Roma barroca. Vamos a continuar hacia el sur, hacia un mercado donde las flores comparten espacio con un fantasma.

Campo de' Fiori
Estamos en el Campo de' Fiori, el mercado al aire libre más antiguo y más animado de Roma. Cada mañana, esta plaza se llena de puestos de fruta, verdura, flores, especias y productos locales que crean una explosión de colores y aromas. Pero en el centro de la plaza, vigilando todo desde lo alto de su pedestal, hay una figura sombría con la capucha echada que cambia completamente el tono de este lugar. Esa estatua es Giordano Bruno, un fraile dominico, filósofo y cosmólogo que fue quemado vivo aquí, exactamente en este punto, el 17 de febrero del año 1600. Su crimen fue pensar. Bruno defendía que el universo era infinito, que existían otros mundos habitados más allá del nuestro, y que la Tierra no era el centro de la creación. La Inquisición le dio siete años para retractarse. Siete años de cárcel, interrogatorios y torturas. Bruno se negó. Cuando finalmente le leyeron la sentencia de muerte, dicen que respondió: Tembláis más vosotros al pronunciar esta sentencia que yo al recibirla. Le clavaron una mordaza de hierro en la lengua para que no pudiera hablar mientras ardía. La Iglesia no quería que sus últimas palabras inspiraran a nadie. Le desnudaron, le ataron a un poste y le prendieron fuego ante una multitud. Tenía cincuenta y dos años. La estatua que veis se erigió en 1889, en pleno conflicto entre el nuevo Estado italiano y el Vaticano. Fue un acto de desafío laico: colocar un monumento a un hereje condenado por la Iglesia, justo en el lugar donde fue ejecutado, mirando en dirección al Vaticano. La inscripción dice: A Bruno, del siglo que él adivinó, en el lugar donde fue quemado. El Vaticano protestó con vehemencia y pidió que se retirara. Sigue ahí. Curiosamente, el nombre Campo de' Fiori, que significa campo de flores, no tiene que ver con el mercado actual. En la Edad Media, este terreno era un prado florido sin construir. Antes de convertirse en mercado y lugar de ejecuciones, era simplemente un campo con flores silvestres en medio de la ciudad. Los romanos tienen un talento especial para convertir lo bucólico en dramático.

Largo di Torre Argentina
Acercaos a la barandilla y mirad hacia abajo. Lo que veis son las ruinas de cuatro templos republicanos romanos, excavados en los años veinte del siglo pasado cuando Mussolini ordenó demoler un barrio medieval entero para crear esta plaza y exhibir la grandeza de la Roma antigua. Los templos datan de los siglos IV al II antes de Cristo, lo que los convierte en algunos de los edificios más antiguos que se conservan en Roma. Pero lo que hace verdaderamente histórico este lugar es un evento que ocurrió el 15 de marzo del año 44 antes de Cristo: los Idus de Marzo. Fue aquí, en un edificio que se alzaba junto a estos templos — la Curia de Pompeyo, donde el Senado romano se reunía temporalmente — donde Julio César fue asesinado. Veintitrés puñaladas, asestadas por un grupo de senadores conspiradores liderados por Bruto y Casio. Según las fuentes antiguas, César llegó esa mañana a pesar de haber sido advertido por un adivino, su esposa Calpurnia y varias señales que él desdeñó. Cuando vio a Bruto entre sus asesinos, pronunció — si creemos a Suetonio — aquella frase: Kai su, teknon. Tú también, hijo. Los arqueólogos han identificado los restos de la Curia de Pompeyo bajo una de las esquinas de esta excavación. Es decir, estáis mirando el lugar exacto donde cambió la historia del mundo. Si César no hubiera muerto aquí, probablemente no habría existido el Imperio Romano tal como lo conocemos: ni Augusto, ni Nerón, ni Trajano, ni Adriano. Pero hay una segunda historia en este lugar que es mucho más tierna. ¿Veis los gatos? Si miráis con atención entre las columnas y las piedras, veréis decenas de gatos callejeros que viven aquí permanentemente. En los años noventa, una asociación de voluntarias comenzó a cuidarlos, y hoy este yacimiento arqueológico es oficialmente la Torre Argentina Cat Sanctuary, uno de los refugios de gatos más famosos del mundo. Hay un pequeño local en la esquina suroeste donde los voluntarios cuidan, esterilizan y dan en adopción a los gatos. Hay más de cien viviendo aquí permanentemente. La combinación es surrealista y maravillosa: gatos dormitando al sol sobre las ruinas donde fue apuñalado Julio César. Solo en Roma. Sigamos caminando.

Foro Romano (mirador exterior)
Deteneos aquí, en la barandilla que da al Foro Romano, y contemplad lo que queda del centro político, religioso y comercial del imperio más poderoso de la Antigüedad. Todo lo que veis ahí abajo — columnas rotas, arcos triunfales, cimientos de templos, restos de basílicas — fue durante siglos el corazón palpitante de un imperio que se extendía desde Escocia hasta Irak, desde Portugal hasta Rumanía. Aquí se hacían las leyes, se juzgaba a los criminales, se celebraban los triunfos militares, se negociaban matrimonios dinásticos y se conspiraba para derribar gobiernos. Cicerón pronunció aquí sus discursos más célebres. Augusto proclamó aquí la Pax Romana. Y aquí mismo, siglos después, pastaban las vacas. Porque durante la Edad Media, el Foro fue completamente olvidado y enterrado bajo metros de escombros y tierra. Los romanos medievales lo llamaban il Campo Vaccino — el campo de las vacas — y lo usaban como pasto para el ganado. Las columnas de los templos sobresalían del barro como esqueletos de una civilización que ya nadie recordaba. La excavación sistemática no comenzó hasta el siglo XIX, y aún hoy sigue habiendo zonas sin excavar. Cada vez que Roma hace una obra — un metro, un aparcamiento, una tubería — aparecen restos romanos. La línea C del metro, la más reciente, tardó décadas en construirse porque cada pocos metros los ingenieros tropezaban con algo: un mosaico, un muro, una estatua. Roma está literalmente construida sobre sí misma, capa sobre capa, siglo sobre siglo. Desde aquí podéis distinguir varios edificios importantes: el Arco de Septimio Severo, a la izquierda, con sus relieves que narran las campañas militares del emperador en Mesopotamia. Las tres columnas que se alzan elegantes al fondo son lo que queda del Templo de Cástor y Pólux. Y la estructura rectangular más grande, al fondo a la derecha, es la Basílica de Majencio, cuya bóveda de cañón fue estudiada por los arquitectos del Renacimiento y sirvió de inspiración directa para Miguel Ángel cuando diseñó la cúpula de San Pedro. Si queréis entrar al Foro, la entrada combinada incluye también el Coliseo y el Palatino. Pero ahora, sigamos caminando hasta el monumento más icónico de Roma.

Coliseo
Y aquí está. El Coliseo. El Anfiteatro Flavio. El edificio más reconocible del mundo después, quizás, de las pirámides de Egipto. Fue inaugurado en el año 80 después de Cristo por el emperador Tito con cien días consecutivos de juegos en los que, según las fuentes antiguas, murieron más de nueve mil animales y cientos de gladiadores. Cincuenta mil espectadores cabían en sus gradas, organizados por clase social: los senadores abajo, cerca de la arena, y la plebe arriba, en las gradas más altas. Pero quiero desmontaros algunos mitos antes de que os acerquéis más. Primero: el famoso pulgar hacia abajo. No existe ninguna evidencia histórica de que los emperadores decidieran la vida o muerte de los gladiadores con el gesto del pulgar. Lo que las fuentes describen es un gesto llamado pollice verso, que significa pulgar girado, pero no especifican en qué dirección. Puede que fuera hacia arriba, hacia abajo, o incluso hacia el cuello. La imagen del pulgar abajo la popularizó un cuadro del pintor francés Jean-Léon Gérôme en 1872, y Hollywood hizo el resto. Segundo mito: los gladiadores no morían constantemente. Un gladiador entrenado era una inversión carísima — equivaldría a un deportista profesional de élite hoy — y su dueño no quería perderlo en cada combate. La mayoría de los enfrentamientos terminaban cuando uno de los gladiadores se rendía o quedaba herido, y las estadísticas que tenemos sugieren que un gladiador tenía aproximadamente una probabilidad entre diez de morir en cada combate. Alto, sí, pero no la masacre indiscriminada que nos muestra el cine. Lo que sí era una masacre eran las venationes, las cacerías de animales exóticos. Elefantes, leones, leopardos, osos, rinocerontes, hipopótamos, cocodrilos y jirafas fueron traídos de todos los rincones del imperio para ser cazados en la arena. Las cifras son escalofriantes: durante los juegos inaugurales del Coliseo se mataron nueve mil animales. En los juegos del emperador Trajano en el año 107, once mil. Se cree que la población de leones del norte de África y de hipopótamos del Nilo fue diezmada en gran parte por la demanda del Coliseo. Fijaos en la estructura del edificio. Las arcadas exteriores tenían originalmente ochenta arcos numerados que servían como entradas. Cada espectador recibía una tessera, una especie de entrada de cerámica con su número de arco y asiento grabado, que le indicaba exactamente por dónde entrar y dónde sentarse. El sistema era tan eficiente que los cincuenta mil espectadores podían entrar y salir en menos de quince minutos. Los ingenieros modernos que diseñan estadios todavía estudian este sistema. Y un último dato fascinante: la mitad del Coliseo que falta — la fachada sur — no fue destruida por bárbaros ni por el tiempo. Fue desmantelada deliberadamente por los propios romanos medievales y renacentistas, que usaron sus piedras como material de construcción para palacios e iglesias. El travertino del Coliseo se recicló en el Palazzo Barberini, el Palazzo Venezia y hasta en la Basílica de San Pedro. Roma comiéndose a sí misma, una vez más. Y con esto terminamos nuestro recorrido por la Roma Eterna. Habéis caminado por plazas donde se inventó la fuente como arte, habéis pisado el suelo donde asesinaron a César, habéis visto una cúpula que lleva dos mil años desafiando a la gravedad y habéis conocido las historias que se esconden detrás de cada piedra de esta ciudad imposible. Roma no se construyó en un día, y desde luego no se puede conocer en un solo paseo. Pero espero que este haya sido un buen comienzo. Gracias por acompañarme, y arrivederci.
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Desde hace 15 años soy un aficionado a los audio tours, me encanta elaborarlos sobre lugares con anécdotas que son poco conocidas.
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